Comenzaré con una pregunta que muchos alguna vez nos hemos hecho:
¿Cómo
expresar lo que siento, sin molestar a nadie?
Y es que particularmente estos últimos meses, me ha costado conversar
acerca de la manera en la que me he sentido. Una de las cosas que he sentido,
es la incapacidad de transmitir lo que realmente quiero que sepan de mí, sin entorpecer
mis relaciones. Por lo mismo, decidí volver a escribir luego de tanto tiempo,
para intentar conectar conmigo misma y a su vez lograr que me entiendan
aquellas personas que me importan realmente, de una manera diferente. De
antemano me disculpo, hace mucho que no escribo y necesito pulirme de nuevo;
desempolvar ideas abstractas que habitan en mis pensamientos y plasmarlas de la
manera más elocuente posible.
Quiero aprender a comunicarme
sin sentir que todo será un caos al intentarlo, a veces se torna un poco turbia
la situación cuando me encuentro entre la espada y la pared; queriendo
conversar acerca de lo importante que es para mí conocerte día a día y la
manera tan desentendida en la que actúas al respecto. Es difícil querer estar
cerca de alguien que siento a miles de kilómetros. Una persona que a veces
desconozco por completo, alguien que a simple vista se deja conocer por otros y
no por mí. Creo que la pregunta principal que debería hacerte es: ¿qué te frena
conmigo?... es inevitable pensar que el problema soy yo, que no te doy ese confort
que necesitas para mostrarte cómo eres en realidad. La segunda pregunta, sería:
¿por qué te cuesta tanto confiar en mí? Me encantaría poder recibir respuestas
concretas sin el incómodo y cortante “no sé” que se apodera de todo el intento
por conversar y llegar a algo netamente profundo y sincero, donde no quede
espacio para la incertidumbre. Al contrario, donde haya espacio suficiente para
acercarnos más, donde no haya evasiones, donde se pueda entender todo
perfectamente sin la intención de juzgar, culpar, burlarse de lo que se tenga
que expresar.
Anhelo todas esas
noches en las que las emociones y las ganas de abrirnos, estaban a flor de piel.
Aquellos momentos especiales, donde dos almas estaban dispuestas a desnudarse
ante la otra sin presunciones, sin asumir absolutamente nada, simplemente
dejando que todo fluyera, con aquella confianza plena de que en vez de
alejarse, se iban a ir acercando cada vez más. No puedo imaginar por qué el
miedo te ha invadido al punto de alejarte tanto de mí, y tampoco podré hacerlo
si no te atreves a contármelo, si no te atreves a acercarte…
La comunicación es el
oxígeno del fuego que mantiene vivas las relaciones de cualquier tipo. Al
contrario de las dudas, la incertidumbre y el miedo, que son el dióxido de
carbono que las sofoca hasta extinguirlas.
Al mismo tiempo quiero
que todo lo que expreso no se torne algo confuso, que mis palabras no enfríen más
todo. Quiero que todo lo que escribo, se transmita con la misma dulzura y
delicadeza con la que se toma una flor para apreciar su belleza. Con la misma
sutileza y cuidado con los que se cargan a un bebé recién nacido. Con la comprensión
que se intenta tener ante un niño que aprende apenas a comunicarse entre
balbuceos y señas.
Espero a diario que
vengas a mí. Quiero que sepas que te espero a brazos abiertos siempre y con las
ganas monumentales de escucharte y decirte millones de cosas que están
atragantadas y que muchas veces, algunas se convierten en lágrimas.
Dos extraños se convierten en los mejores conocidos, sólo cuando
están dispuestos a mostrarse tal cual son.
Sin miedos, sin ataduras.